Bopsy
sábado, 19 de mayo de 2012 @ 19:20 | 0 individual(s)
La madre de 26 años bajó la mirada hacia su hijo, que estaba muriendo de leucemia terminar. Aunque su corazón estaba lleno de tristeza, ella además tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como cualquier madre o padre ella quería que su hijo creciera y realizara todos su sueños. Ahora eso ya no era posible. La leucemia se encargaría de eso, pero de todos modos quería que los sueños de su hijo se volvieran realidad.
Tomó las manos de su hijo y le preguntó:
- Bopsy, ¿alguna vez pensaste en qué querías ser cuando fueras grande? ¿Alguna vez tuviste sueños y deseos acerca de lo que harías con tu vida?
-Mami. siempre quise ser bombero cuando creciera.
Su mamá sonrió y le dijo:
-Vamos a ver si podemos hacer tu deseo realidad.
Más tarde, ese mismo día. fue con el cuerpo de bomberos local, en Phoenix, Arizona, donde conoció al bombero Bob, que tenía un corazón tan grande como Phoenix. Le explicó el último deseo de su hijo y le preguntó si sería posible que este niño de seis años le diera la vuelta a la manzana en un carro de bomberos.
El bombero Bob propuso:
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Si tiene listo a su hijo para las siete de la mañana del miércoles, lo haremos bombero honorario durante todo el día. Puede venir a la estación, comer con nosotros, salir para todos los avisos de incendio, ¡todo lo que hace un bombero! Y si usted nos da sus medidas, mandaremos a hacer un uniforme de verdad especial para él, con un casco de verdad, no de juguete, con el emblema del Cuerpo de Bomberos de Phoenix, un impermeable amarillo como el que usamos y botas de hule, como todo eso se fabrica aquí en Phoenix podemos conseguirlo muy pronto.
Tres días después, el bombero Bob recogió a Bopsy, le puso su uniforme y lo escoltó de su cama de hospital al carro de bomberos que lo estaba esperando.
Bobsy se sentó en la parte trasera del carro y ayudó a encaminarlo de vuelta a la estación de bomberos. Se sentía en el paraíso.
Hubo tres avisos de incendio ese día en Phoenix y Bobsy acudió a los tres. Anduvo en los diferentes tipos de vehículos para apagar incendios, en la camioneta del para-médico e incluso en el automóvil del jefe de bomberos. También lo grabaron en vídeo para el noticiario local.
Haber hecho realidad el sueño, con todo el amor y la atención que se le prodigaron, conmovió a Bopsy tan profundamente que vivió tres meses más de los que cualquier doctor hubiera creído posible.
Una noche, todos sus signos vitales comenzaron a disminuir dramáticamente y la enfermera principal, quien creía en la idea, característica de los hospicios, de acuerdo con la cual nadie debe morir solo, comenzó a llamar a todos los familiares al hospital. Luego recordó el día en que Bobsy había sido bombero, así que llamó al jefe de bomberos y le preguntó que si sería posible enviar a un bombero uniformado al hospital para que estuviera con Bobsy en su último trance. El jefe respondió:
"Podemos hacer algo mejor que eso. Estaremos allí en cinco minutos. Y hágame un favor. Cuando oiga sonar las sirenas y vea destellar las luces, ¿puede anunciar por el sistema de altavoces que no hay un incendio? Sólo es el cuerpo de bombero que viene a ver una vez más algunos de sus miembros más distinguidos. Y ¿podrá abrir la ventada del cuarto? Gracias"
Como cinco minutos después, llegó al hospital un camión de bomberos que extendió la escalerilla hasta la ventana abierta de Bopsy, en el tercer piso, y 16 bomberos, entre ellos dos mujeres, subieron por la escalerilla para entrar al cuarto de Bobsy. Con el permiso de su madre lo abrazaron y cargaron y le dijeron cuánto lo querían.
Con su último aliento, Bopsy volteó a ver al jefe de bomberos y le preguntó:
-Jefe ¿De verdad ya soy un bombero?
-Lo eres, Bopsy - respondió el jefe.
Con esas palabras, Bobsy sonrió y cerró los ojos por última vez.
Tomó las manos de su hijo y le preguntó:
- Bopsy, ¿alguna vez pensaste en qué querías ser cuando fueras grande? ¿Alguna vez tuviste sueños y deseos acerca de lo que harías con tu vida?
-Mami. siempre quise ser bombero cuando creciera.
Su mamá sonrió y le dijo:
-Vamos a ver si podemos hacer tu deseo realidad.
Más tarde, ese mismo día. fue con el cuerpo de bomberos local, en Phoenix, Arizona, donde conoció al bombero Bob, que tenía un corazón tan grande como Phoenix. Le explicó el último deseo de su hijo y le preguntó si sería posible que este niño de seis años le diera la vuelta a la manzana en un carro de bomberos.
El bombero Bob propuso:
-Mire, podemos hacer algo mejor que eso. Si tiene listo a su hijo para las siete de la mañana del miércoles, lo haremos bombero honorario durante todo el día. Puede venir a la estación, comer con nosotros, salir para todos los avisos de incendio, ¡todo lo que hace un bombero! Y si usted nos da sus medidas, mandaremos a hacer un uniforme de verdad especial para él, con un casco de verdad, no de juguete, con el emblema del Cuerpo de Bomberos de Phoenix, un impermeable amarillo como el que usamos y botas de hule, como todo eso se fabrica aquí en Phoenix podemos conseguirlo muy pronto.
Tres días después, el bombero Bob recogió a Bopsy, le puso su uniforme y lo escoltó de su cama de hospital al carro de bomberos que lo estaba esperando.
Bobsy se sentó en la parte trasera del carro y ayudó a encaminarlo de vuelta a la estación de bomberos. Se sentía en el paraíso.
Hubo tres avisos de incendio ese día en Phoenix y Bobsy acudió a los tres. Anduvo en los diferentes tipos de vehículos para apagar incendios, en la camioneta del para-médico e incluso en el automóvil del jefe de bomberos. También lo grabaron en vídeo para el noticiario local.
Haber hecho realidad el sueño, con todo el amor y la atención que se le prodigaron, conmovió a Bopsy tan profundamente que vivió tres meses más de los que cualquier doctor hubiera creído posible.
Una noche, todos sus signos vitales comenzaron a disminuir dramáticamente y la enfermera principal, quien creía en la idea, característica de los hospicios, de acuerdo con la cual nadie debe morir solo, comenzó a llamar a todos los familiares al hospital. Luego recordó el día en que Bobsy había sido bombero, así que llamó al jefe de bomberos y le preguntó que si sería posible enviar a un bombero uniformado al hospital para que estuviera con Bobsy en su último trance. El jefe respondió:
"Podemos hacer algo mejor que eso. Estaremos allí en cinco minutos. Y hágame un favor. Cuando oiga sonar las sirenas y vea destellar las luces, ¿puede anunciar por el sistema de altavoces que no hay un incendio? Sólo es el cuerpo de bombero que viene a ver una vez más algunos de sus miembros más distinguidos. Y ¿podrá abrir la ventada del cuarto? Gracias"
Como cinco minutos después, llegó al hospital un camión de bomberos que extendió la escalerilla hasta la ventana abierta de Bopsy, en el tercer piso, y 16 bomberos, entre ellos dos mujeres, subieron por la escalerilla para entrar al cuarto de Bobsy. Con el permiso de su madre lo abrazaron y cargaron y le dijeron cuánto lo querían.
Con su último aliento, Bopsy volteó a ver al jefe de bomberos y le preguntó:
-Jefe ¿De verdad ya soy un bombero?
-Lo eres, Bopsy - respondió el jefe.
Con esas palabras, Bobsy sonrió y cerró los ojos por última vez.
Jack Canfield y Mark V. Hasen.
